
Solo están enfermos, no son capaces de entender tu legado milenario, no han escuchado tus tantras ancestrales, ni han visto tu serena procesión de testimonio, ni tu dignidad silenciosa y colosal. Perdona hermana tu asesinato selectivo y la tortura organizada por la bestia humana.
Acudo a tu nobleza, recurro a tu misión eterna, imploro tu sapiencia atesorada por siglos de tristeza, escúchame este ruego: Huye, escondete, aléjate de nosotros, para que tengamos la remota esperanza de verte eterna después de que pase la oscuridad del comercio de tus despojos.
Con vergüenza ajena y pena de mis prójimos. Con dolor Eduardo

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